En el kirchnerismo aseguran que en las próximas horas Axel Kicillof asumirá la conducción del PJ bonaerense, luego de la jugada inesperada de Máximo Kirchner.
Referentes del peronismo bonaerense señalaron que Máximo y Kicillof no mantuvieron contacto directo y que el acuerdo se cerró mediante terceros, en particular los intendentes de Lomas de Zamora, Federico Otermin, y de Moreno, Mariel Fernández. Justamente, el lanzamiento de la postulación de Mariel funcionó como una forma de presión para que el gobernador aceptara avanzar con una lista de unidad.
Las conversaciones se desarrollaron con tal hermetismo que incluso dejaron descolocados a algunos dirigentes, como Florencia Saintout, quien horas antes de que trascendiera el gesto de Máximo había reclamado públicamente que “un Kirchner” presidiera el PJ. Según explican en el peronismo, no se trató de una maniobra de presión: simplemente desconocía las negociaciones.
Uno de los factores que empujó el acuerdo fue la convicción compartida de que una interna abierta podía derivar en un escenario caótico. Existía preocupación por una baja participación de afiliados, sumada a la falta de reglas claras y al riesgo de desbordes. “La primera piña iba a ser a los huevos”, describió gráficamente un dirigente provincial.
Sin embargo, el aspecto más relevante de la movida de Máximo es que responde a una definición política —presuntamente consensuada con Cristina Kirchner— que incluye un gesto explícito hacia una futura candidatura presidencial de Kicillof. En el kirchnerismo advertían que la disputa bonaerense estaba trabando la estrategia nacional y manteniendo al peronismo paralizado de cara a 2027. Con ese frente despejado, sostienen que Axel debe asumir un rol central en la construcción nacional: delinear un mensaje propio y comenzar a recorrer el país.
Esta decisión repentina también revela inquietudes en el entorno de Cristina, donde temen que, sin perspectivas concretas de retorno al poder, no sea posible mejorar la situación judicial de la expresidenta. Allí admiten preocupación por su escenario actual y por no haber logrado avances siquiera en cuestiones como la remoción de la tobillera electrónica o la flexibilización del régimen de visitas.
Otro punto clave que subrayan en el peronismo es que, para que el acuerdo se sostenga, Máximo y Kicillof deberán retomar un diálogo directo y frecuente, dejando atrás la intermediación que caracteriza su vínculo desde hace tiempo.
En el círculo más cercano al gobernador, el entendimiento fue bien recibido: no estaban convencidos de ir a una interna y, además, lo interpretan como un triunfo político significativo, aunque aún reste resolver la letra chica de la distribución de cargos partidarios.
En líneas generales, los intendentes del Movimiento Derecho al Futuro avalan el acuerdo, aunque algunos, más confrontados con el cristinismo, preferían avanzar a fondo en la disputa. También existían reparos respecto de que el PJ quedara bajo la órbita de Verónica Magario, ya que en la práctica implicaba que el control recayera en Fernando Espinoza. Varios jefes comunales vienen cuestionando desde hace tiempo que La Matanza concentre de manera recurrente los principales cargos y espacios de poder.
IDC


